Caminé algunos años sin rumbo conocido, probando más tristezas que alegrías, preguntándome que le faltaba a mis manos vacías.
Busque en todas partes, en el cielo y en el suelo, esperando que una luz apareciera y me dijera qué era aquello que me faltaba a mi.
Y entonces sin esperar ya nada de esta vida, llegaste tú con esa sonrisa radiante y ese corazón quemante, que anunciaba la calma que viene después de la tormenta.
Al principio no lo creía porque siempre me lastimaban y mentían, pero tu me hiciste sentir que podía confiar en ti.
Sanaste las heridas que tenía en el alma con tu suave tacto, y borraste las huellas en mi corazón con unos cuantos besos, hiciste arte en mi cuerpo con un par de abrazos que a la vez unieron todos mis pedazos.
Lograste que mi corazón de piedra, se convirtiera en uno suave y blando, porque con amor se une lo que fue dañado.
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